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Kinbakunomicon nos ofrece la traducción al inglés de un artículo de Shinryo Masaki titulado "The Beautiful Feelings of Shibari" publicado en la revista Kitan Club en 1959.

En castellano la traducción más sencilla sería "los bellos sentimientos del shibari", conceptos con los que muchos practicantes y aficionados salpimientan sus discursos sobre el bondaje japones.

Pero, tras leer atentamente el texto, presiento que no es apropiado. Que quizás "la complejidad de los sentimientos en el shibari" sea una traducción más apropiada.

Me explico:

El texto recoge dos situaciones diferentes en las que el autor fue testigo de torturas infligidas a mujeres. Obviamente, se trataba de torturas no consentidas.

En el primer caso, por algo relacionado con la situación post-bélica, en el otro aparentemente relata una agresión sexual en un entorno de exclusión.

En ambos el autor incide en la contradicción que para él supone admirar la belleza e intensidad de una escena que le provoca rechazo por su violencia y brutalidad.

En este sentido, el artículo me parece clave para entender algunos conceptos asociados al shibari.

Uno es la cultura del secuestro y la violación, muy presente en el Japón de hace poco menos de 100 años. Un elemento que subyace como fondo en la "perversión" que supone el shibari, y que se ancla en el poso histórico de su cultura.

Tampoco es algo exclusivo de Japón, de una forma u otra, muchas culturas "modernas" arrastran ese acervo.

Otro, es la clara diferencia entre lo que es una creación artística, una ficción y un suceso luctuoso. Así como la apreciación de la belleza incluso en la más cruda y sórdida realidad.

Esta introducción me lleva a platearos lo siguiente:

Todos asumimos que el secuestro y la violación, así como la tortura y el escarnio público son conductas reprobables. A nadie le gustaría verse a sí mismo o a sus seres queridos violados o torturados por personas hostiles.

A menos que nos situemos en un entorno erótico consensuado.

En este caso sí que apreciamos y disfrutamos con y de estas conductas. Esa es la "perversión" base del shibari , su "kink", su "anormalidad".

El contexto erótico lo fabricamos nosotros, la forma en que interpretamos lo que sucede a nuestro alrededor, e incluso lo que nos sucede a nosotros mismos es un proceso mental.

Y somos nosotros, cada individuo, cada persona los únicos responsables y autores de la interpretación que le demos.

De este modo, un mismo hecho físico (por ejemplo: ser atado violentamente) a nivel emocional puede interpretarse como algo terrible o como algo placentero. Todo dependerá del contexto en el que lo situemos y de los esquemas mentales que empleemos para ello.

Que nos exciten ciertas situaciones que en otro contexto nos parecerían cuando menos reprobables no deja de crear una contradicción en nuestra mente, especialmente cuando la situación nos pilla por sorpresa.

Y esa es la riqueza, complejidad y contradicción a la que hace referencia el artículo de Kitan Club.

Despojar al shibari del componente erótico nos aboca a un elevado riesgo de validar el abuso y la violencia en aras de un supuesto "arte", de la ignorancia, la buena intención, o de un ego desmedido.

No puedo cerrar esta reflexión sin hacer mención a un elemento clave para diferenciar una erótica sana de un abuso sexual: la honestidad. Todas las partes implicadas han de estar de común acuerdo. Sin intenciones ocultas, sin ambigüedades, sin engaños, ni a la otra parte, ni a uno mismo.

En las escenas descritas por Shinryo Masaki está claro que al menos dos de las tres partes implicadas no están de acuerdo en lo que sucede. Ni el propio autor, ni las mujeres víctima de las agresiones están en una vivencia consentida.

Aunque para sorpresa de Shinryo Masaki , el sí que encontró cierto grado de excitación y estímulo al contemplar los abusos que relata.

Ciertamente, el shibari nos ofrece una amplia gama de emociones y sentimientos. Llevarlos hacia una práctica satisfactoria y adaptativa es tarea de cada uno, a título individual.

No pueden pesar aquí morales colectivas o dictámenes de grupo. Somos los únicos responsables de nuestras decisiones.

Este es un enfoque complejo, y me gustaría que penséis en ello, que lo llevéis al debate. Siempre con argumentos, nunca con dogmas.


En los cursos que impoarto en la Escuela de Shibari se pone el foco sobre la gestión emocional de los participes. No todo es cuerdas, shibari es deseo, y el deseo es una emoción.


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