Una persona que me conoce suele decirme que, en ocasiones, cuando practico shibari, llevo el cargador vacío, pero otras veces pongo una bala en la recámara.

Cuando esto sucede la experiencia brota de dentro a fuera. Es mas emocional, pero también mas dura, y en ocasiones devastadora ...

Cada una de esas sesiones deja huella, tardo en recuperarme, física, mental, emocionalmente.

En una de nuestras eternas conversaciones, Aizen Kaguya me decía que "el semenawa no puede practicarse con frecuencia, nos rompe el cuerpo, y también el espíritu". Suscribo sus palabras una por una.

Llevo meses atando sin balas. Cogiendo fuerzas. De cuando en cuando, como en la escena de "El cazador" giro el tambor del revolver y me apunto a la sien, pero sin apretar el gatillo. No era el momento. Circunstancias de la vida condicionaban esa actitud.

Ahora me siento fuere y en equilibrio, con apoyos sólidos sobre los que levantarme y renacer, ya que la caída es una posibilidad. Pero no me asusta ni preocupa. Ahora, como en una nota de suicido, dejo clara mi intención. El cargador está lleno de balas y voy a dispararlas todas a bocajarro...

En la foto, Eva Schwarz flotando sobre su reflejo. toda una metáfora. Flotar plácidamente, distanciarse para ver nuestra imagen desde lejos buscando nuestro mejor perfil.

Nada que ver con lo que expongo en los párrafos precedentes. Precisamente por eso la asocio a este texto. Para recordar mi dualidad, lo banal y lo dramático fluyen en mi, y al igual que en la parábola taoista, la sombra se convierte en luz y la luz da paso a la oscuridad.

no-ser y ser tienen el mismo origen, aunque diferentes nombres; tanto al uno como al otro puedes llamarlos misterio de los misterios, llave de toda mudanza
Lao Tse, Tao Te Ching